Me llevó años darme cuenta que mi vida había llegado a ese punto de inflexión en el cual ya no es posible andar ese camino que supuestamente trazaste porque ¡simplemente no es el camino que querías! Eso es lo único que entendía, no sabía quién era, ni mucho menos hacia dónde quería ir.
Sentía mi vida rota: que había fracasado en todos los ámbitos posibles, y que había desperdiciado mi potencial rodeada de miedos. Solo escuchaba muy dentro de mí, como un susurro casi ininteligible, una voz diciéndome constantemente: "hay más para ti". ¿Pero cómo? Si no tenía ni la menor idea de quién era, ni mucho menos qué quería. Solo entendía que a donde había llegado, era la vivencia más oscura de mi propia existencia, y que ya no podía mantenerme así. Si sentía que no tenía nada, era el momento de tirar todo y reconstruir.
Y así lo hice: una auto implosión de mis propias estructuras. Me quedé casi sin nada, sin nadie. Emprendí un viaje hacia dentro de mi, para saber quién es Sol, qué propósitos quiere determinarse, cómo y qué caminos estaría dispuesta a crear. Desde entonces mi vida es otra... con experiencias y vivencias de todo.
Me he seguido tropezando, pero ahora tengo herramientas, motivaciones, anhelos que yo misma he creado, que me impulsan a seguir adelante (o hacia donde sea que me de la gana dirigirme), y por supuesto que nuevos miedos y retos. Ahora me conozco, y me doy cuenta que antes no sabía ver al espejo. Y hasta eso hay que aprender.
Ese trabajo de (re)conocimiento ha sido y sigue siendo la mejor y más impactante experiencia. Ahora que soy consciente de mi, de la Sol real, siento que mi vida tiene sentido. Y aunque aún me tropiezo muchas veces, nunca pierdo la certeza de que la vida tiene sentido, más de uno, y que si tomamos una decisión amorosa y consciente, solo nos puede esperar un mundo de posibilidades y oportunidades, cuando decidimos conocernos.