Hay ocasiones en la vida, en que hay que empezar de menos cero. Aunque el dicho diga que “para atrás ni para agarrar vuelo” a veces es inevitable. Y resulta que no pasa absolutamente nada.
Sí, el camino es un poco más largo, pero creo que ciertas vivencias requieren reiniciar desde -X, no solo para agarrar vuelo, sino para recordar el camino andado, para dejar lo que ya no nos sirve: cosas, hábitos, personas, y hacernos conscientes de por qué no debemos andar ese camino otra vez (de preferencia con ayuda de alguna herramienta). A eso me refiero con volver hacia atrás o iniciar desde menos cero; por que sino lo analizamos, comprendemos y perdonamos, la salida se vuelve como cuando Alicia (en el país de las maravillas) es una gigante y la salida es una puerta demasiado pequeñita por la que es imposible pasar.
En lo personal, ese “re-andar” de regreso del infierno al nivel del suelo me ha dado el impulso, el valor y valemadrismo, el sentimiento de “ingue su…” que a veces se requiere en la vida para: primero, reconocer el hoyo que construimos y tomamos como hogar; y después, armarnos hasta los dientes de valor para hacer la travesía de regreso al mundo de los vivos, y salir de ese inframundo como con el impulso de una catapulta, directo a la estrellas.